¿Qué pasa en tu mente cuando procrastinas?

Es muy sencillo confundir el término y asociarlo a acciones erróneas, y eso no nos permite distinguir las causas que nos llevan a procrastinar y mucho menos, a encontrarle una solución.

¿Qué es procrastinar y qué no es?

Es probable que asociemos el término procrastinación a acciones que no lo son, y que pasemos por alto muchas que sí lo son, por eso es importante entender QUÉ ES para luego poder entender por qué y para qué procrastinamos.
 
En primer lugar debemos saber que procrastinar conlleva una connotación negativa y que podemos encontrar en la Neuropsicología, explicaciones científicas de por qué actuamos de cierta manera u otra.
Procrastinar es postergar una tarea ⏳
Si buscamos la definición en el diccionario, procrastinar es postergar una tarea u actividad de manera deliberada, es decir, de manera consciente y con intención de hacerlo. Pero si ampliamos dicha definición y empezamos a buscar matices, encontramos que la procrastinación es evitar, y evitar es hacer todo lo posible para que algo no ocurra.
 
Un ejemplo de una situación que puede darse a menudo es una reunión que no queremos que ocurra, y hacemos todo lo posible para que esa reunión nunca se dé: eso es evitar. Y eso, es parte de procrastinar.
 
Lo importante para entender por qué procrastinamos, es empezar a indagar en qué nos pasa, qué sentimos cuando evitamos estas tareas. Y allí nos vamos a encontrar con que procrastinar también es postergar. Cuando hablamos de postergar, hablamos de una pausa larga en el tiempo, es suspender una actividad sin saber cuándo se la retomará. Posponer también es procrastinar, pero en este caso la pausa es corta (por ejemplo, posponer la alarma a la mañana).
 
En todas estas situaciones, la acción se da de manera deliberadamente consciente. Llevamos a cabo acciones siendo conscientes de que va totalmente en contra de lo que deberíamos estar haciendo, sabiendo que nos van a perjudicar, pero no nos importa.

Entonces, podemos resumir en cuatro términos, QUÉ ES procrastinar:

  • Evitar: Hacer lo posible para que no ocurra

  • Evadir: Eludir con astucia

  • Postergar: Retrasar por un período largo de tiempo

  • Posponer: Retrasar por un período breve de tiempo

 
Asimismo, debemos saber que hay un montón de otras situaciones donde no es procrastinación. Hablamos de que procrastinar es postergar intencionalmente, pero muchas veces postergar se trata de dar prioridad a otra tarea, y en esos casos, no se trata de procrastinación.
 
La línea entre lo que es y lo que no es procrastinar es muy fina. Hay que aprender a distinguir, entonces, si se trata de una postergación justificada o si nos estamos engañando a nosotros mismos.
 
En muchas ocasiones, postergar una tarea ocurre a causa de un imprevisto. Eso tampoco es procrastinación, porque se trata de algo más urgente que es necesario hacerlo antes.
 
Otra situación que suele confundirse pero que no es procrastinar, es cuando la acción nos genera satisfacción interna. Y esta satisfacción interna viene de sensaciones agradables, como la calma, el bienestar. Hay ocasiones donde postergamos o rechazamos ciertas tareas de manera consciente, pero con una decisión de fondo que implica priorizarnos a nosotros mismos, a nuestra salud mental, nuestro tiempo y demás.
 
Esa satisfacción interna es lo que garantiza que no se trata de procrastinación. En cambio, cuando la tarea que dejamos de hacer acarrea consecuencias, sensaciones y sentimientos que tienen un impacto negativo en nosotros, si estamos procrastinando.
 
 

Entonces, de manera resumida, cuando NO estamos procrastinando:

  • Cuando es cuestión de prioridades

  • Cuando hay decisión voluntaria

  • Cuando surgen imprevistos

  • Cuando hay satisfacción interna

  • Cuando hay sensación de calma y bienestar

 

 

¿PARA QUÉ procrastinamos?

Definimos que procrastinar es gestionar de manera inadecuada emociones y sentimientos, decisiones y acciones, y recibir consecuencias indeseadas. Partiendo de esta base, podemos empezar a revisar las causas y entender PARA QUÉ procrastinamos.
 
Siempre vamos a encontrar una razón detrás de aquello que estemos procrastinando. Por lo general vamos a procrastinar para hacer otra tarea que es mucho más agradable, una actividad que nos gusta más o que no requiere tanto esfuerzo de nuestra parte, o aquello que nos aburre o nos fastidia. La cuestión aquí es que sabemos que llevar a cabo dicha acción va a perjudicarnos, sin embargo, decidimos deliberadamente hacer cualquier otra tarea que sea más agradable.
 
Cuando aquello que se posterga, no se hace porque lleva mucho tiempo o consume mucha energía, no estamos hablando de lo que se suele creer como procrastinación. Sino que se trata de una mala gestión del tiempo, de flojera o simplemente, irresponsabilidad o falta de compromiso.
 
La procrastinación tiene que ver con una gestión inadecuada de nosotros mismos, de nuestro comportamiento, decisiones y acciones que provienen de emociones y sentimientos que pueden ser más o menos conscientes y que disparan en nosotros una cadena de decisiones en su mayoría, un 90% de las veces, -lo dice la neurociencia, son inconscientes o subconscientes que nosotros, en consecuencia, actuamos.
 
 

La mirada de la Neuropsicología

La procrastinación tiene explicaciones que parten de la Neuropsicología y que llevan a entender que todas estas acciones que llevamos a cabo, en realidad, tienen una justificación debida detrás. Y por justificación, no significa que avale dichas acciones, sino que nos permiten entender de dónde provienen para posteriormente actuar de manera diferente, en pos de nuestro bienestar.
 
 

La Neuropsicología define tres causas de la procrastinación:

  • Dolor - Placer: Mecanismo básico del cerebro

  • Miedo: Emoción básica que genera reacciones

  • Optimismo: Optimismo en exceso crea un exceso de confianza

 
 

¿Qué es lo que hace que se disparen estas sensaciones incómodas?

Si nos adentramos un poco más en el funcionamiento de nuestro cerebro, vamos a descubrir que funcionamos y actuamos de manera automática, y que nuestra parte racional fue la última en haberse desarrollado evolutivamente.
 
En este sentido, vamos a encontrar más explicaciones, más herramientas, más estrategias y más fundamentos de por qué estamos actuando de cierta manera, y a partir de allí, poder encontrar mejores soluciones para gestionarnos mejor a nosotros mismos.
Procrastinamos porque nuestro cerebro tiene un mecanismo básico que es acercarse al placer y alejarse del dolor.
Cualquier fuente que para nuestro cerebro implique dolor, ya sea físico o se sea un dolor para el cerebro, también es dolor todo lo que tenga que ver con un exceso de energía, con un esfuerzo, con algo que nos va a llevar mucho tiempo o algo que es aburrido, que nos enoja, algo que no queríamos hacer y lo tenemos que hacer igual. Todo eso a nosotros nos va a provocar un dolor, y nuestro cerebro, por una cuestión de supervivencia, nos va a alejar de esa fuente y nos va a acercar a nuestra fuente de placer.
 
Cualquiera sea esta fuente de placer, que puede ser desde comida hasta otra tarea, puede ser simplemente no hacer lo que teníamos que hacer, y eso para nosotros es algo satisfactorio. Entonces este mecanismo básico de supervivencia hace que nosotros tomemos decisiones inconscientes.
 
Todo este mecanismo básico y primitivo tiene mucha más fuerza, evolutivamente hablando, que nuestra racionalidad, y es lo que nos hace tomar este tipo de decisiones.
Se trata de una cuestión evolutiva de especie.
Si volvemos atrás en el tiempo, y observamos lo que fue la evolución de la especie, podemos ver que alejarnos del dolor significaba alejarnos de cualquier fuente que pudiera ser una amenaza de supervivencia. Alejarse del tigre, estar atentos a la presencia de serpientes, crear el fuego para obtener luz y alejar la oscuridad que representaban una amenaza para la integridad física.
 
En la realidad de hoy en día, en la sociedad civilizada en la que estamos, no tenemos ya este tipo de amenaza inminente que requiera salir corriendo, ni es un peligro para la integridad física el hecho de lavar los platos, por ejemplo, pero hay ciertas tareas que nos llevan a procrastinar como si lo fueran.
 
Ahí es que descubrimos que nuestro cerebro tiene estos mecanismos, que son básicos y se deben a la evolución de la especie, y lo destacable en este sentido, es que lleva en nuestro cerebro mucho más tiempo, millones de años más, que nuestra racionalidad.
 
La capacidad de razonar tiene apenas unos cientos de millones de años en nosotros. Por eso para el cerebro es mucho más fácil, automático y rápido, alejarse del dolor y acercarnos al placer, antes que usar la racionalidad. No se trata de una justificación a la acción de procrastinar, sino más bien entender de dónde viene y qué hay detrás de esta gestión inadecuada de nosotros mismos.
 
Otra razón por la cual procrastinamos es por miedo. El miedo es una emoción básica universal, es espontánea y súbita. No podemos controlar esta emoción. El miedo se dispara o no se dispara. No tenemos injerencia sobre ella, pero lo que sí podemos hacer es gestionar esta emoción cuando aparece y responder. Actuamos procrastinando cuando una tarea nos da miedo: miedo al fracaso, a que no salga bien, a las expectativas; al no querer encontrarnos con ese rechazo, esa negativa que hay del otro lado, o esa frustración, preferimos no hacerlo, y lo postergamos.
 
Otra razón por la cual procrastinamos se debe al exceso de optimismo. Un ejemplo de esto es cuando queremos tener mucho tiempo libre y dejamos para hacer una tarea a último momento, creyendo que nos va a llevar apenas unos minutos, entonces procrastinamos. Ese exceso de optimismo nos hace creer algo erróneo, y al final no logramos concretar la tarea, y esto es muy probable que acarree sentimientos negativos.
 
Cuando hablamos de Neuropsicología, se aplica el comportamiento humano y puntualmente los estudios aplicados a la procrastinación. Nos encontramos con estos tres ejes fundamentales (dolor - placer, miedo y optimismo).
 
 

¿Qué genera la procrastinación?

Nos vamos a dar cuenta que estamos procrastinando porque tendremos consecuencias internas no deseadas por no estar haciendo la tarea.
 
 
Frustración:
 
Una de esas consecuencias no deseadas es la frustración. Esto parte de procrastinar una tarea que sabemos que tenemos que hacer, por qué tenemos que hacerla y conocemos la consecuencia de no hacerla. Al jactarnos de no saberlo y postergar indefinidamente, nos traerá mucha frustración.
 
Con la frustración, aparecen otros sentimientos:
  • Sentimiento de culpa: Lo podríamos haber hecho mejor.

  • Expectativa no cubierta: La realidad es diferente a lo que esperábamos.

  • Baja autoestima: Sensación de insatisfacción con uno mismo.

 
El sentimiento de culpa lo que nos va a acarrear es la sensación de que lo podríamos haber hecho mejor, eso genera culpa, y acumular culpa me causa más frustración.

Otra arista que tiene esta frustración es es una expectativa no cubierta, y nos lleva a frustrarnos porque sabemos que podríamos haber actuado a cierto nivel de rendimiento y estamos por debajo de ese nivel y lo procrastinamos. En ese momento no le encontramos mucha razón lógica al haber procrastinado, pareciera ser la mejor solución posible. Al final del día, cuando hacemos una recapitulación entendemos que no podemos seguir postergando dicha tarea, y ahí llegamos a la conclusión de que no estuvimos a la altura de las circunstancias, y al encontrarnos con esa divergencia entre lo que esperábamos y la realidad, nos provoca frustración.

La frustración también puede provocarnos una sensación de baja autoestima. Procrastinar tiene una connotación negativa detrás, nadie se jacta de ser procrastinador, y esto puede empezar a afectar la autopercepción.

 

Ansiedad:

La ansiedad puede ser funcional: Favorece el desempeño y el accionar diario, genera expectativa por los resultados; o disfuncional: Afecta la calidad de vida y el desempeño, crea escenarios que parecen reales y desencadena desde malestar e incomodidad, hasta trastornos de ansiedad.

 
¿Por qué aparece la ansiedad?
 
Aparece porque empezamos a tener un cúmulo de pendientes que nunca merma, pero no necesariamente estamos “a las corridas”, y esta ansiedad, en cierto punto, es funcional. El hecho de que sea funcional indica que es una ansiedad que nos permite estar haciendo cosas, estar avanzando.
 
Pero cuando esta ansiedad empieza a afectar la calidad de vida, el desempeño, empiezan a aparecer situaciones indeseables, malestar, incomodidad e incluso pueden aparecer trastornos de ansiedad. Es ahí cuando aparece la procrastinación. A esta ansiedad le podemos llamar disfuncional, y es la que puede empezar a afectar la salud física, mental, emocional o social.
 
Debemos empezar a identificar cómo nos estamos sintiendo y empezar a mejorar la gestión de nosotros mismos.
 

Estrés:

¿Qué pasa cuando el estrés se acumula? Cuando hablamos de estrés nos referimos a una reacción fisiológica de nuestro cuerpo para restablecer un equilibrio. Este estrés viene acompañado de ciertas hormonas que nos hacen estar alerta. Por ejemplo, tenemos hambre y buscamos comida, porque vamos a restablecer ese equilibrio comiendo.
 
Pero, cuando el estrés se genera, por ejemplo, por un conflicto en el trabajo, entonces el problema es más grande y el cerebro va a reaccionar porque se va a tratar de un desbalance e intentará restablecerlo.
 
El problema llega cuando ese estrés se empieza a acumular. Acumular este estrés es acumular hormonas que lo que van a hacer es generar miedo, sensaciones incómodas. Este distress o estrés acumulado va a provocar lo que conocemos como síndrome de burn out, que tiene consecuencias para la salud mental.
 
Esta es una manera también de empezar a identificar porqué estoy procrastinando. Ya no tiene que ver tanto con el miedo, sino con un estrés acumulado que necesita ser restablecido. Y si bien el miedo y el estrés están relacionados, en este caso se debe observarlo como algo emocional, sino más bien como algo fisiológico que se siente en el cuerpo.
La procrastinación es la consecuencia de una inadecuada gestión de nosotros mismos, de nuestros comportamientos y nuestras emociones.
 
Conclusión:
 
Debemos aprender a gestionar mejor estos comportamientos y emociones, y la procrastinación va a empezar a desaparecer, porque el problema no es la procrastinación, sino la consecuencia de esta mala gestión del tiempo y las prioridades.
 
 
 
 

Autor:

Esta nota fue escrita por Cuponstar, basada en la presentación de Andrea Alessio, Neurocoach profesional & Agile Coach - Directora académica del Institute of Neurocoaching en una actividad realizada en conjunto.
 
 
Cuponstar
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